Espacio Joven Avila

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CAMPAMENTOS EN ÁVILA

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Se acerca el verano y aún no sabes qué hacer, en qué invertir esos días libres para no malgastarlos en casa tirado en el sofá.

Ahora existe otra opción para aquellos jóvenes de entre 18 y 25 años con ganas de pasarlo bien e invertir su tiempo libre conociendo gente nueva y haciendo cosas nuevas.

Te ofrecemos pasar dos semanas en uno de nuestros campamentos urbanos de Ávila situados o bien en el casco antiguo de la ciudad o a las afueras de ésta, cerca de nuestra sierra. Las dos opciones presentan las actividades básicas de un campamento de verano, pero la primera está más redirigida al ocio urbano y cultural, con salidas a museos, conocimiento de nuestra historia a través de los edificios, rutas gastronómicas y por supuesto fiestas. En cambio la elección del campamento situado en la sierra de Ávila te permitirá mantener un contacto más estrecho con la naturaleza, con nuestra naturaleza; así que las actividades que se realizan allí están más unidas al aspecto espiritual.

En el caso del campamento urbano, los chavales y chavalas dormirán en una antigua residencia de estudiantes de 1925 reconstruida el año pasado, con habitaciones dobles, espacioso comedor y diversas salas para realizar las charlas pertinentes.

Si en cambio te decides por el de la sierra, los acampados dormirán al raso con tiendas de campaña de 5 personas, bastante espaciosas, junto a un viejo caserío con amplio comedor, baños en las dos plantas del edificio, habitaciones para los monitores y dos grandes salas que pueden ser usadas para cualquier actividad.

Ambos campamentos tienen capacidad suficiente para 65-70 personas y las fechas disponibles son las dos primeras semanas de julio, las dos primeras semanas de agosto y la última semana de agosto junto a la primera semana de septiembre.

Ya te avisamos de que éste no es el típico campamento, pero si todavía no nos creer, ven a comprobarlo.

PUES YO UNA VEZ ESTUVE EN ÁVILA

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Así empezó el discursito una chica que conocí en una discoteca hace menos de un mes en pleno centro de Madrid.

Entre el humo clandestino que había en la discoteca, el alcohol de garrafón al que estábamos enganchados todos los que allí quedábamos y la confusión reinante en aquel momento, acabé al lado de la barra hablando con la única chica que seguía en pie al cuarto chupito gratis de tequila que el camarero se empeñó en regalar.

-Hola, me llamo Alicia y soy de Madrid.

-Yo Pablo, y soy de Ávila.

A día de hoy sigo sin entender el porqué de esas caras extrañas cuando dices que vienes de una de las ciudades más bonitas del centro de España.

-Pues yo una vez estuve en Ávila.

Como si estuviese hablando de Mordor, no ya por las palabras sino por el tono, los gestos… Tuve que explicarle que en Ávila también hay chavales de nuestra edad aunque ella no los hubiese visto aquel día, en pleno Agosto, claro.

Que salimos igual que lo hacen los jóvenes de Madrid, de Barcelona o de Albacete. Que tenemos TDT, Internet y móviles con cámara, y que hay más cosas aparte de la muralla.

Lo divertido en estos casos es ver poco a poco cómo la cara de la otra persona se va iluminando y entendiendo que hay ciudades bastante más interesantes más allá de los 15 segundos que salen en televisión porque ha caído una nevada de escándalo, una inundación de récord o el último caso de corrupción.

Lo realmente gracioso es que no es la primera vez que me pasa, y con personas de diferentes sitios y comunidades autónomas, pero viéndolo desde otra perspectiva, quizás sea un tema de conversación más que interesante para romper el hielo, así que muchachos y muchachas de Ávila, si no sabéis cómo iniciar una conversación con alguien que parece que os ha guiñado un ojo en algún garito tan turbio como la noche que habéis decidido salir de fiesta, usad eso de ‘pues yo soy de Ávila’.

MAMÁ, QUIERO SER CERRAJERO

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Hola, me llamo David, soy valenciano, tengo 17 años y quiero ser cerrajero.

1Ya sé que no es lo típico que alguien dice cuando está a dos pasos de entrar en la universidad para estudiar una de las carreras con nombres chulos de los que les ponen ahora. Ya sé que también es atípico que vaya por ciencias, que tenga una media de 9,1 y que mi vocación siga siendo abrir puertas, pero es así, qué le vamos a hacer.

Quizá la mosca detrás de la oreja en este sentido venga por mi abuelo, cerrajero durante sus últimos años de vida y quien me enseñó que hasta las puertas del infierno pueden abrirse con la llave indicada si te has aburrido de colarte en el cielo.

A menudo la gente no se plantea la importancia de éstos y otros trabajos más que infravalorados, pero que cuando no se tienen se echan de menos como agua de mayo.

Sí, cuando acabe mis estudios quiero montar mi propio negocio de cerrajería aquí, en Valencia, pero no la clásica habitación con llaves colgadas por todos lados, olor a metal quemado y delantales sucios encima de una silla. Me gustaría revolucionar el mundo de los Cerrajeros en Valencia abriendo un establecimiento que fuese más allá de las copias de llave usuales, que se convierta en un arte, que cada llave sea única, cada persiana de metal tenga algo de su dueño, cada cierre de seguridad sea único…

¿Por qué en cuanto podemos agregamos algún llavero a nuestras llaves de casa, de la bici, del coche o incluso del candado de la taquilla del gimnasio? Para no perder las llaves dicen muchos, para que éstas no queden tan sosas dicen otros.

¿Por qué no hacer de nuestras llaves nuestros propios llaveros? Porque aparte de ser más fáciles de reconocer, la seguridad no estaría reñido con el diseño, todo lo contrario ya que al tratarse de llaves más exclusivas éstas lo serían en todos los sentidos.

Puede que esté loco o que sea un genio, lo que tengo claro es que acabaré haciendo lo que más me gusta, o al menos intentando que funcione.

LA LEY DE MURPHY

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Avila, 20 de Agosto de 2015, mis padres de vacaciones durante una semana entera.

Blanco y en botella… FIESTA EN CASA.

Decir fiesta es quedarse corto para la que se montó en mi chalet de la playa el verano pasado, y pudo derivar en tragedia familiar si los Cerrajeros no hubieran llegado a las 6 de la mañana para abrirnos todas las puertas de casa.

Os pongo en situación:

Mis padres se cogieron una semana de vacaciones en agosto del verano pasado, concretamente del 14 al 21 de ese mes, y en cuanto lo supe empecé a organizar un fiestón en casa para el día 18, pero entre unas cosas y otras la fiesta tuvo que retrasarse hasta el 20, con las consiguientes prisas para recogerlo todo al día siguiente ya que mis padres llegarían por la tarde ese mismo 21. Pero somos jóvenes y hemos venido a jugar, así que a las 17:00 dio comienzo la fiesta.

Y ésta empezó como empiezan todas, con unas cervezas, algo de música y cigarritos por toda la casa, pero qué demonios, ya airearía al día siguiente con las ventanas de par en par.

La cosa comenzó a desmadrarse cuando el Jagermeister hizo su aparición, y de ahí al final de la noche todo vino rodado. Por decir algo.

Gente dando rienda a su pasión en rincones de mi casa que yo ni conocía, alguno vomitando en el garaje, las figuritas de porcelana de mi madre corrían el mismo peligro que los discos de vinilo de mi padre, a esas horas actuando como frisbis, saqueos de nevera por parte de desconocidos, más gente vomitando en el piso de arriba y a eso de las 5 de la mañana, cuando me disponía a desalojar todo aquella barbarie, algún gracioso con más alcohol que cerebro en su cuerpo, se había dedicado a llenar de silicona todas las cerraduras de las puertas de casa, por lo que éramos 24 personas encerradas en una casa que en unas horas debería estar vacía y como los chorros del oro.

Menos mal que en ese momento una de las pocas mentes pensantes que quedaban allí dentro tuvo la genial idea de llamar a estos cerrajeros 24 horas, y a las 6:15 estaban todos fuera. Tres horitas de sueño y a limpiarlo todo.

Al menos puedo decir a día de hoy que esto sigue siendo un secreto, pero el susto y la angustia a esas horas de la madrugada ya no me los quita nadie.

LA CAJA

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Cada año, exactamente cada 11 de mayo, y desde hace 6 años, aparece en la Playa de La Barceloneta una caja fuerte abandonada e imposible de levantar si no es con alguna máquina, ya que su peso de más de 250 kilos es particularmente extraño si estamos hablando de un cubo de menos de medio metro de alto.

El primer año que apareció dicho objeto en la orilla de la playa, muchos fueron los curiosos que se acercaron y, primero se la intentaron llevar a casa para más tarde acabar probando a abrirla allí en plena playa, sin embargo no fue hasta las 23:50 de dicho día cuando Pau Collomer, de 57 años y cerrajero de profesión desde los 21, consiguió abrirla y hacerse con los 25.000 euros que allí dentro se encontraban.

Al año siguiente sucedió prácticamente lo mismo pero en esta ocasión la caja no se abrió, y eso que fueron centenares de personas los que por allí pasaron intentando abrir la dichosa caja, pues bien, esa misma noche, de madrugada, la caja fuerte desapareció y nadie volvió a saber más de ella.

Desde entonces, el Ayuntamiento de Barcelona organiza un ‘concurso’ cada 11 de mayo para descubrir a ‘los mejores Cerrajeros de Barcelona’ aun sin saber todavía de dónde proviene dicho armatoste todos los años, y mucho menos su dinero.

Se ha hablado de campaña de publicidad, pero el caso es que ya se les está haciendo algo larga y siguen con el suspense si así fuera; de mafias que juegan a algún tipo de rol delante del resto de gente.

Al haber entrado el Ayuntamiento de por medio, la recompensa económica ahora es mucho menor que los 25.000 euros que allí dentro aparecen cada año, ya que al proceder de una forma desconocida éste debe estar sujeto a una investigación.

Ni cámaras en la playa, ni jóvenes haciendo noche allí el 10 de mayo en la ya bautizada Fiesta de la Caja’ o las autoridades catalanas han sido aún capaces de resolver el misterio, lo que parece seguro es que este 11 de mayo volverán a aparecer 25.000 euros dentro de una caja fuerte en la playa de La Barceloneta.

¿GENERACIÓN NINI?

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Creo que ha llegado el momento de que alguien levante la voz y diga bien claro que la generación NINI es un espejismo, que lo que reina actualmente entre los jóvenes es la explotación y la precariedad laboral.

Porque lo que no puede ser es que un graduado universitario, con idiomas e incluso, si me apuras, con algún máster, no encuentre trabajo y tenga que estar emigrando fuera en el mejor de los casos, o repartiendo pizzas en una moto, pero peor aún es estar en casa enviando currículum mañana tras mañana con la consiguiente frustración.

Parece que todavía no nos damos cuenta, o no queremos darnos cuenta, de que las empresas están abusando del término becario por encima de sus posibilidades, ya que este término implica que estés trabajando para una empresa con un supervisor a tu cargo que te enseñe, te ayude y sobre todo te forme en lo que va a ser, o debería ser, tu futuro puesto de trabajo. Pues bien, la realidad es bien distinta, y hablo desde el conocimiento en primera persona, ya que lo que sucede en la actualidad es que estas compañías hacen que trabajes como cualquier otro empleado, echando más horas en la oficina o en el lugar de trabajo que corresponda y, cómo no, tu sueldo se vea reducido a la mitad que el resto por el simple apellido becario.

Basta ya de abuso, porque el círculo vicioso experiencia-trabajo se hace cada vez más grande en el momento en el que una oferta de ‘trabajo’ para un universitario recién graduado pero más que formado y totalmente competente para meterse en el mundo laboral tenga como salario una cifra menor a los 400 euros por jornadas laborales de 8 ó más horas y con una cantidad de trabajo equiparable a personas que llevan años en la misma empresa.

Si a alguien tenemos que culpar de esta situación en nuestro país es a las empresas por aprovecharse de estos ‘vacíos legales’ y a los gobernantes por permitirlos.