Creo que ha llegado el momento de que alguien levante la voz y diga bien claro que la generación NINI es un espejismo, que lo que reina actualmente entre los jóvenes es la explotación y la precariedad laboral.

Porque lo que no puede ser es que un graduado universitario, con idiomas e incluso, si me apuras, con algún máster, no encuentre trabajo y tenga que estar emigrando fuera en el mejor de los casos, o repartiendo pizzas en una moto, pero peor aún es estar en casa enviando currículum mañana tras mañana con la consiguiente frustración.

Parece que todavía no nos damos cuenta, o no queremos darnos cuenta, de que las empresas están abusando del término becario por encima de sus posibilidades, ya que este término implica que estés trabajando para una empresa con un supervisor a tu cargo que te enseñe, te ayude y sobre todo te forme en lo que va a ser, o debería ser, tu futuro puesto de trabajo. Pues bien, la realidad es bien distinta, y hablo desde el conocimiento en primera persona, ya que lo que sucede en la actualidad es que estas compañías hacen que trabajes como cualquier otro empleado, echando más horas en la oficina o en el lugar de trabajo que corresponda y, cómo no, tu sueldo se vea reducido a la mitad que el resto por el simple apellido becario.

Basta ya de abuso, porque el círculo vicioso experiencia-trabajo se hace cada vez más grande en el momento en el que una oferta de ‘trabajo’ para un universitario recién graduado pero más que formado y totalmente competente para meterse en el mundo laboral tenga como salario una cifra menor a los 400 euros por jornadas laborales de 8 ó más horas y con una cantidad de trabajo equiparable a personas que llevan años en la misma empresa.

Si a alguien tenemos que culpar de esta situación en nuestro país es a las empresas por aprovecharse de estos ‘vacíos legales’ y a los gobernantes por permitirlos.