Avila, 20 de Agosto de 2015, mis padres de vacaciones durante una semana entera.

Blanco y en botella… FIESTA EN CASA.

Decir fiesta es quedarse corto para la que se montó en mi chalet de la playa el verano pasado, y pudo derivar en tragedia familiar si los Cerrajeros no hubieran llegado a las 6 de la mañana para abrirnos todas las puertas de casa.

Os pongo en situación:

Mis padres se cogieron una semana de vacaciones en agosto del verano pasado, concretamente del 14 al 21 de ese mes, y en cuanto lo supe empecé a organizar un fiestón en casa para el día 18, pero entre unas cosas y otras la fiesta tuvo que retrasarse hasta el 20, con las consiguientes prisas para recogerlo todo al día siguiente ya que mis padres llegarían por la tarde ese mismo 21. Pero somos jóvenes y hemos venido a jugar, así que a las 17:00 dio comienzo la fiesta.

Y ésta empezó como empiezan todas, con unas cervezas, algo de música y cigarritos por toda la casa, pero qué demonios, ya airearía al día siguiente con las ventanas de par en par.

La cosa comenzó a desmadrarse cuando el Jagermeister hizo su aparición, y de ahí al final de la noche todo vino rodado. Por decir algo.

Gente dando rienda a su pasión en rincones de mi casa que yo ni conocía, alguno vomitando en el garaje, las figuritas de porcelana de mi madre corrían el mismo peligro que los discos de vinilo de mi padre, a esas horas actuando como frisbis, saqueos de nevera por parte de desconocidos, más gente vomitando en el piso de arriba y a eso de las 5 de la mañana, cuando me disponía a desalojar todo aquella barbarie, algún gracioso con más alcohol que cerebro en su cuerpo, se había dedicado a llenar de silicona todas las cerraduras de las puertas de casa, por lo que éramos 24 personas encerradas en una casa que en unas horas debería estar vacía y como los chorros del oro.

Menos mal que en ese momento una de las pocas mentes pensantes que quedaban allí dentro tuvo la genial idea de llamar a estos cerrajeros 24 horas, y a las 6:15 estaban todos fuera. Tres horitas de sueño y a limpiarlo todo.

Al menos puedo decir a día de hoy que esto sigue siendo un secreto, pero el susto y la angustia a esas horas de la madrugada ya no me los quita nadie.