Sí, como joven medio entre los 18 y los 27 años me considero un adicto a la tecnología, y más concretamente al teléfono móvil.

Es inevitable después de pasar tanto tiempo pegado a él. Yo no lo llegaría a llamar droga porque no tiene todos los síntomas que pueden provocar éstas, pero la dependencia que causa un cacharrito de 10 centímetros de largo y apenas 2 de ancho es realmente increíble.

Lo necesitamos para todo: para quedar con los amigos, para saber dónde hacerlo, a qué hora y qué vamos a llevar puesto; para encontrar la dirección del restaurante de comida rápida más cercano cuando volvemos de fiesta; para revisar el horario del autobús nocturno; obviamente para llamar por teléfono, aunque ésta sea una de sus funciones menos utilizadas al fin y al cabo; para hacer fotos, compartirlas y presumir de ellas en tu vida paralela en redes sociales; para escuchar música, leer el periódico, tu revista favorita o verte el último capítulo de Juego de Tronos desde la cama.

Y con todo esto, madres del mundo, ¿todavía os extraña que revisemos el móvil a lo cerrajero economico donostia mientras comemos? Lo raro es que no exista todavía una aplicación para comer a través del teléfono.

Ahora es cuando saltan los nostálgicos con eso de ‘pues en mi época no había tanto cacharrito y tanta aplicación y la gente seguía quedando sin problema alguno’. Exacto, y hace ciento cincuenta años no existían los coches como tal y la gente seguía moviéndose, pero tenemos que ser realistas y saber que todo evoluciona a lo largo del tiempo y la clave está en adaptarse. Cierto es que quizás con el surgimiento del teléfono móvil, y más concretamente con el del Smart Phone se han creado una serie de necesidades que en un principio no teníamos, pero, ahí tenemos a la publicidad y el marketing, los primos mayores de la evolución, o más bien los encargados de regular ésta.